La curiosidad mató al gato.
Es algo que siempre se dice, y suele ser verdad... Pero, ¿qué sería de nosotros sin la curiosidad? No habríamos llegado a donde estamos ahora mismo. Nos habríamos perdido miles de momentos por tener miedo a que salieran mal.
Porque sin curiosidad, sin ese afán de descubrir, sin tener esa chispa que te lleva a querer saber más y más no merecería la pena hacer nada, no se intentarían las cosas, nos quedaríamos estancados esperando a que pasara algo que si tu no haces, no pasará.
Por eso, aunque es cierto que la curiosidad mató al gato, es un riesgo que estoy dispuesta a correr.
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