Odiaba no ser capaz de enfrentarse a los problemas. Odiaba sentirse tan insegura. Y tenía miedo, miedo de la realidad que estaba viviendo. De lo que se estaba jugando. Esa sensación que no la dejaba pensar con claridad, como si estuviera a punto de saltar al vacío. Y sin poder evitarlo no saltó, se acorbardó. Le daba miedo lo desconocido, el no saber que pasaría después.
De lo que se olvidó fue de la maravillosa sensación que aparece un segundo despúes de saltar al vacío.
Esa sensación de poder volar, de sentirse libre.
La sensación que ya vivió anteriormente, cuando se atrevió a saltar.
Entonces recordó lo que pasó después, cuando llegó al suelo.
Y no sabía si estaba preparada para volver a pasar por eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario